«A algunas personas, cuando llegan a una determinada edad, les gusta consultar su diario para recordar acontecimientos cotidianos del pasado, pero yo no tengo diarios. Lo que sí tengo son mis canciones —cientos de ellas—, que me sirven más o menos para el mismo propósito.» Así comienza Letras, una obra de una honestidad y un arte únicos que combina los textos definitivos de 154 canciones de Paul McCartney con comentarios íntimos y autobiográficos sobre su vida y su música. Estos comentarios, que se distribuyen en dos volúmenes ordenados alfabéticamente por los títulos de las canciones, proporcionan un relato más caleidoscópico que cronológico, y revelan las circunstancias diversas en que se escribieron las canciones, cómo terminaron siendo y las personas y los lugares excepcionales —aunque muchas veces deliciosamente ordinarios— que las inspiraron. Lo que aflora no es simplemente un autorretrato sino un panorama completo de una vida y de todo lo que la ha conmovido, llevándonos desde la adolescencia de McCartney a través de la legendaria década de los Beatles hasta Wings y su posterior carrera en solitario. Es pertinente pues que detrás de cada canción de Letras haya un interés apasionado en la experiencia de la vida cotidiana. Una miríada de viñetas recrean el Liverpool de clase trabajadora de la juventud de McCartney, donde los repartidores entregaban paquetes en los muelles, y la gente, especialmente durante las vacaciones, pasaba las noches congregada alrededor de pianos de salón.
Aquí, McCartney nos presenta a Alan Durband, su querido profesor de inglés del instituto, que le enseñó los entresijos de los pareados, así como a las amables mujeres mayores que dieron forma a «Eleanor Rigby». Por primera vez, Paul McCartney escribe sobre el impacto de su origen irlandés y de sus padres en su identidad y sus valores. La primera letra registrada aquí, «I Lost My Little Girl», recupera con nostalgia la vida de su amada madre, Mary, que murió cuando él tenía solo catorce años y cuyo recuerdo ha impregnado su trabajo desde entonces. Después del mismo autor, las dos presencias más poderosas en Letras son su compañero de composición, John Lennon, y su «Golden Earth Girl» («la chica de la tierra dorada»), Linda Eastman McCartney. Sobre Lennon escribe: «Nos convertimos en una versión del otro (...) Podíamos ver cosas el uno en el otro que necesitábamos para ser seres completos». Describe cómo se conocieron en una fiesta en una iglesia de Liverpool; cómo viajaron haciendo autoestop por toda Inglaterra y por Europa, con y sin sus compañeros de banda, George Harrison y Ringo Starr; cómo conseguían siempre escribir cuando se sentaban juntos; y cómo, al final de la década de 1960, igual que los Beatles, se separaron. Así empezó un segundo acto prácticamente sin igual que ahora cumple cincuenta años, que Letras celebra con una intensidad y un fervor comparables al de la histórica era de los Beatles: un periodo de apenas diez años que transformó la cara y el sonido de la música.