Afirma el prólogo de este volumen: «Había algo sucio y viril en Jagger, Richards y compañía, en su total carencia de sentimentalismo, que nos atraía tanto como Paul y John excitaban a las chicas con sus, a veces, bobas confesiones románticas. Pronto supimos de la competencia, avivada por sus representantes en un ardid comercial tan antiguo como la farándula, entre dos bandas que habían transformado en paralelo la rigidez de la sociedad británica de posguerra y saltado a la conquista del planeta. Los Beatles representaban la excelencia musical, la originalidad melódica, el frenesí del pop, pero asimismo el legado armónico de la tradición romántica europea, separándose, tras una década en activo, con un tesoro de canciones que empezaron con frescura y empatía y finalizaron en arte mayúsculo y cuestionamiento del mundo que gracias a ellos habíamos dejado atrás. Los Stones, desconocidos aquí hasta el número uno mundial “(I Can’t Get No) Satisfaction”, han seguido en marcha durante décadas tras unos áridos inicios picando piedra en las más ancestrales vetas del blues y transgrediendo en sus letras los límites de la hipócrita moral imperante». Este libro pone en paralelo las carreras de ambas bandas imprescindibles, trazando su relación artística y personal, entre coincidencias y divergencias, hasta concluir que en lo que sus dos empresas más se asemejaron fue en los egos enfrentados, las disputas financieras y las puñaladas traperas que abundan en estas páginas. Es la condición humana, claro, exasperada ante el éxito infinito y la pasta gansa. BeatleStones concede que los primeros fueron genios del estudio de grabación y los segundos convirtieron el rock and roll en un monumental espectáculo.